Por un instante trata de imaginar qué habría sido de nuestras vidas.

Qué habría sido de ti sin mi, de mi sin ti. Qué seriamos hoy si aquella noche, aquella tarde y aquellos tantos días no te hubieran puesto en frente de mi, no me hubieran llevado a tu lado.

Imagina, en qué extraño lugar estaría hoy todo lo que nos hemos dado, todo aquello que lleva mi nombre, el tuyo…

Esas palabras que nos hemos ido inventado por el camino y que no serían palabras si tú y yo hoy no fuéramos nosotros.

Donde habrían ido a parar si no a ti, a mi…

A veces me pregunto si todo lo que nos espera está escrito en un papel, si todo lo que nos ha pasado ya estaba previsto que pasara.

¿Donde termina el destino y empieza la casualidad?

¿En qué momento se pierden ambos y entran en juego las ganas de cambiarlos?

Las ganas de retar a la casualidad y que nuestro destino sea el que buscamos, el que de verdad queremos y creemos merecernos.

Y si no es así, si de verdad todo está escrito. Si es verdad que nuestro destino es de papel, haciendo balance de lo bueno y malo, no me cansaría de volver a leer esta historia una y otra vez.