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 De esos días que fueron nuestros no quedaron más que trozos, trozos de todo lo que se rompió cuando esos días terminaron.

Entre ellos encontré pedacitos de mi misma, de mi que después de darte todo lo que tenía me quedé rota. Igual que todos esos recuerdos, esas fotos que decidí no volver a ver nunca y que también rompí.

Hoy que ya ha pasado un tiempo prudencial y puedo mirar atrás sin rabia, con calma y sin tener que escuchar todas esas cosas que nos dicen cuando nada,y digo NADA, cura ese dolor tan inmenso que llega a convertirse incluso en físico, que te destroza por dentro.

Hoy puedo decirte que volvería a decir que si aún sabiendo todo lo que vendría después.

Porque creo que ni ese dolor tan inmenso eclipsa todo lo que fuimos, como disfrutamos de todas esas primeras veces, como aprendimos juntos.

Como me enseñaste a llorar de amor, si de amor.

Creo que no he sido capaz de volver a escuchar esas canciones.

Esas que escuchaba mientras te miraba y me mirabas parando el tiempo, quedando solo nosotros, intentando ver más allá de los ojos, intentando decirnos te quiero de todas las formas posibles. Porque las de siempre nos parecían pocas, las palabras se nos quedaban pequeñas.

Y así fue como me enseñaste a amar, a amarte.

Aquel día, el día que nos rompimos, aún hoy es un antes y un después.

Ese día aún duele, ese día está marcado en el calendario de mi vida.

Ese calendario en el que no pasa un día sin que me acuerde de ti, sin que me pregunte que será de ti, si habrás cumplido de alguna forma tus sueños, si hoy seríamos amigos, de los de verdad.

Si algún día, aunque no sepa cuando ni donde, volveremos a serlo.

Aún sigo recogiendo pedacitos, de ti, de mi. Aún sigo viéndote entre sus risas. Aún hoy.