En este mundo loco y extraño en el que a menudo nos resulta difícil creer en según qué cosas…

En este lugar fugaz en busca de la igualdad. En este mundo insaciable. En esta noria imparable  te conocí a ti.

Con sólo tres días de vida ya sabía que serías fuerte. Fuerte y frágil a la vez. Tus ojos verdes y tu tez morena se combinaban haciendo magia.

No era capaz de soltarte ni un minuto.

Hoy, quince años después, perdura en mí el miedo a dejarte volar.

Confío plenamente en que sabrás hacerlo. Es más, tengo la certeza de que serás la mejor.

Pero esto no es lo que algún día planeamos.

No, mi pequeña, no se parece en nada.

No es este el mundo que cada noche, durante aquellos nueve meses, soñábamos con enseñarte.

No es este el lugar que imaginábamos para ti mientras él te cantaba su canción, nuestra canción.