Esta mañana sopló tan fuerte que se lo llevó todo a su paso. No sólo la pequeña cabaña en la que vivimos durante más de diez años, también el hogar que había construido para ti. Para nosotros.

Aún recuerdo los primeros días, aún recuerdo el comienzo de aquella aventura. Me atrevo a decir que los dos teníamos un miedo inmenso a romper con todo. Con nuestros fantasmas del pasado y con ese presente que no tenía miras de futuro.

Nunca olvidaré como brillaban tus ojos ni como se llenaron de ilusión e inquietud a partes iguales el día que decidimos partir. Como salían de tus ojos lágrimas a borbotones sin saber ni ellas mismas cual era el motivo.

Tú, tan grande a mis ojos, me dijiste que nadie en el mundo te había hecho sentir así y yo me sentí un gigante.

Rompimos con todo y empezamos por fin otra historia, la nuestra.

Hoy, de un soplido nos lo han quitado todo. Todo menos lo que es imposible arrancar. Lo que ni el viento ni la propia vida se han podido llevar. Nuestro amor.