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Aprendí entre noches a oscuras y días sin ti que la vida es otra cosa.

Que secar mis lágrimas a carcajadas  siempre fue tu especialidad, mi debilidad.

Aprendí, contigo, que la vida es otra cosa. Y el amor también.

Que no importa si te digo que me iré porque sabes que volveré antes de que podamos contar  hasta diez.

Si te vas se apagarán las luces. Y sé que al volver no las encenderás. Volverás en silencio para asustarme en el pasillo y abrazarme contra la pared. Entonces, con el corazón a cien, te diré que te odio. Y te odiaré si vuelves a irte.

No  importa si te digo que puedo vivir sin ti porque aunque puedo no quiero. Tampoco quiero fantasmas del pasado ni soñar el futuro, si no es contigo. Te quiero a ti. Así, con lo puesto. A ti que harías de una isla desierta Disneyland. Sólo por verme feliz.

Que vuelves de  colores un día gris y al día siguiente pintas las paredes con todos nuestros sueños.

Ahora sé que contigo es mi casa . Y si no tiene ventanas las abrirás y si se cierran puertas estarás ahí para que el portazo no duela.

Ahora, sólo quiero darme la vuelta en mitad de la noche y escuchar “ Ven aquí”,  sólo quiero ver tus brazos abiertos. Ahora, sólo quiero vivir allí.

Y desde entonces, después de ti, aprendí que la vida es otra cosa. Y el amor también.