No sé cuántas veces me había imaginado este día. Incluso cuando aún era una niña.

Sin embargo, los sentimientos que me inundaban en aquel momento superaban, si era posible, todas mis expectativas. Los momentos previos a la ceremonia estaban siendo mágicos. Todo parecía salido de un cuento, de un sueño.

En unas horas iba a casarme con el amor de mi vida. Me sentía afortunada y no sólo por él sino por todo y todos los que nos rodeaban.

Pasé la mañana en casa con mi madre y disfruté de cada segundo, de cada conversación. Me paré en cada mirada, en todas las sonrisas…

Intentaba de alguna forma, hacer fotografías para el recuerdo de mi propia memoria. Para que el recuerdo quedara para siempre.

Después de comer fui a mi habitación para terminar de preparar un par de cosas y encontré un sobre cerrado encima de mi cama.

Sólo ponía mi nombre. Parecía la letra de mi madre, aunque no terminaba de estar segura.

Lo abrí y encontré en su interior la declaración de amor más bonita que leería en toda mi vida. Amor incondicional:

Si algún día caen en tus manos estas líneas, si algún día me atrevo a dejarlas en tu poder espero que sea más tarde que nunca.

Si algún día reúno el valor para dejar esta nota entre tus cosas y que al volver a casa la encuentres sin más, será porque todo ha salido bien. Será porque estaré celebrando con más ansia que nunca esta vida loca que tanto nos da y tanto nos quita.

Será porque, al final, conseguí saltar el muro más alto que hasta la fecha me había encontrado. Si algún día llegan a ti estas palabras atragantadas será porque yo misma las habré puesto en tu camino.

Significará que juntas nos hemos quitado los miedos y nos hemos bebido mil copas de valor. Hasta emborracharnos, hasta perder el sentido

Si algún día tienes entre tus dedos estas hojas, será con el único propósito de enviarte un mensaje que se te quede grabado a fuego y para siempre en el corazón. Exprime cada día, hasta dejarlo sin jugo. Ríete hasta que te duela. Cúrate el dolor con muchas risas. Disfruta de cada pequeña cosa porque, mi vida, créeme cuando te digo que el mundo no siempre te lo pondrá fácil.

Si algún día te encuentras con esto, solo significará que juntas habremos superado la batalla, que estaremos en lo alto de la cima. Pero ahora el camino se está haciendo difícil, las rocas no siempre son lo bastante fuerte como para poder agarrarme a ellas. A menudo me tambaleo y me invade un miedo atroz a no verte crecer.

Y, cariño, te juro que intento sacar fuerzas del corazón pero no siempre lo consigo. Aunque el amor incondicional es ahora mi única fuente de energía, hay momentos que el dolor en todas sus facetas me lo pone realmente difícil.

Solo quiero que comprendas, mi niña, que si sigo firme en esta lucha es porque mi motor eres tú. Aunque ahora aún no seas capaz de decir mi nombre, me basta con esos ruidos, ese idioma que sólo las dos entendemos. Hemos compartido cuerpo casi 9 meses, nos sobran las palabras.

Si algún día lees esto, si dejo que estas palabras lleguen a ti, será con el único propósito de enseñarte algo:

Ama sin medida y no te rindas nunca.

Que esos ojos nunca dejen de brillar como lo hacen hoy.