Se despertó algo aturdido. Tardó varios segundos en ser capaz de abrir los ojos.

Fue ese dolor de cabeza intermitente y agudo lo que le hizo tomar conciencia de lo ocurrido. Consiguió incorporarse. Estaba en su habitación. Todo parecía igual y sin embargo ya nada volvería a ser como antes.

Tardó semanas en tomar la decisión, en atreverse a dar el paso. Pero finalmente decidió volver a visitar aquella clínica convencido en someterse al tratamiento. Una versión mejorada aún en fase de prueba.

“El tratamiento al que usted va a someterse no borra la memoria, señor. Este tratamiento elimina el dolor que le producen esos recuerdos. Cuando usted despierte no habrá olvidado que esa persona estuvo en su vida, recordará que le rompió el corazón. Recordará incluso cada sonrisa y su último beso. Sin embargo, después del mismo, ese dolor que siente, ese dolor en el alma que se ha convertido ya en físico, habrá desaparecido para siempre”

Las palabras del doctor hicieron definitiva su decisión

– ¿Dónde tengo que firmar?

Aquella misma tarde ya estaba conectado a la máquina que borraría el dolor. Aquel 8 de abril del año 2567 marcaría un antes y un después. Mientras el doctor conectaba los cables a su cuerpo, él se preguntaba cómo vivía la gente antes de aquello. Como sobrevivían a la pérdida de un familiar, al abandono del amor de su vida. Se preguntaba cómo habían podido vivir tanto tiempo. Como habían estado Viviendo sin anestesia al dolor del corazón que desde su punto de vista era el peor …

Comenzó a sentir un hormigueo en los pies y supo que aquello ya estaba en marcha. Aquella era su primera vez, pero sabía que no sería la última